ES COU PER ALLÀ
Impressions dels participants al
“V Encuentro de narradores”
a l'Escorial (Febrer
2009)
EL CUENTO NO SE ACABA
Por Milagros Carrasco Sanz
Per Xosemari Carrere
Por Alberto Sebastián
Por Légolas Colectivo Escénico
Por Dulce Ramos
Por Beatriz Arnau Moliner
Por Victoria Gullón
Lo bueno que tienen los encuentros es, eso, que encuentras: con algo, con alguien. En esta ocasión no iba con la ilusión de reencontrarme con alguien: a quien hacía tiempo que no veía o con quien desde tiempo atrás no compartía la pasión que nos une. Pero sí he ido con la ilusión de reencontrarme con algo: por qué quiero seguir contando cuentos.
Fui sola, con mis cuentos; regresé acompañada, y con más cuentos. Además, he disfrutado enormemente de todo el Encuentro y sus “aledaños”: el paisaje, el recinto, la desconocida compañera de habitación, Carmen (antes del evento, no después).
¿Y del propio Encuentro? Pues quisiera destacar fundamentalmente que la narración oral está viva, y mucho. Como prueba, el estupendo menú de tres magníficos narradores: Victoria, Boni y José Luis (Campa); la acalorada discusión sobre el hoy y el mañana de la narración (esto es un clarísimo signo de su vitalidad, ¿o no?), sin olvidar todas las ideas y proyectos que se oían por aquí y por allá.

¿Y la mesa redonda? Genial (sin adverbios, mira).
Por último, no quiero dejar pasar la oportunidad de compartir una más que grata sorpresa: conocer a José Manuel de Prada Samper. Gracias a personas rigurosas como él, los que queremos seguir en este oficio lo tenemos un poquito más fácil.
Trobades
Hi ha una petita història que, quan tot es torna fosc i quan les histories viuen, explica la importància d’una trobada. Una noia volia trobar el lloc més bonic del món per tenir la vida més plena i bonica. Va fer un llarg viatge, va trobar territoris meravellosos i ciutats fantàstiques. Però no va descobrir la bellesa que volia per a la seva vida. Després d’anar per aquí i per allà, va decidir tornar a casa seva, amb el cor trist i l’esperança perduda. Vet aquí, que un bon dia va arribar casualment fins a una casa perduda al bosc. Va trucar i va demanar si hi podia passar la nit. Una noia la va rebre amb gran amabilitat. I aquella nit van passar-la parlant de les seves coses, de la vida i, sobretot, del viatge. I aleshores la jove va entendre on era el lloc que volia trobar des de feia temps.
En definitiva, com a la protagonista de la petita història, jo crec que les trobades han de servir per parlar dels nostres problemes, desitjos i preocupacions. La trobada de narradors i narradores a l’Escorial, va servir, una altra vegada, para retrobar vells amics i fer-ne de nous. Va servir per xerrar informalment fent una cigarreta (molt freda!) de la situació de la narració oral. I a més a més, per fer-nos una mena de mapa general sobre com estem els narradors. Malgrat això, sóc de l’opinió que aquestes trobades encara els manquen alguna cosa més. Hi hauria d’haver més propostes en relació al nostre ofici, en un equilibri més profund entre les propostes “teòriques” i la trobada “informal”.

Tot això m’indica que la trobada a l’Escorial no va ser un fracàs sinó el contrari, penso que va servir para tornar amb unes bones sensacions i amb moltes il·lusions per a la propera. I sobretot, amb el convenciment que aquestes trobades són necessàries per descobrir el lloc més bonic que puguem imaginar. Com imaginava la protagonista de la petita història.
Yo ya sé que los narradores no somos las personas más pragmáticas del mundo. Yo tampoco lo soy. Nos gusta encontrarnos, hablar de nuestras cosas, abrazar a los más cercanos, conocer a compañeros nuevos, charlar y compartir risas y cervezas. Eso se nos da muy bien. Pero si preguntamos a cualquiera de los que asistimos al encuentro del Escorial, que tanto trabajo costó realizar a los colegas de Madrid, qué hemos sacado en claro del mismo la respuesta podría ser… ehhhh…. me lo pasé muy bien.
Es cierto que yo extraje conclusiones muy valiosas de la mesa redonda que profesionales de otros campos artísticos nos ofrecieron. Es cierto que disfruté del taller al que asistí, que me encantó escuchar cómo “cocinan” Victoria, Boni y Campa…, pero también es verdad que siempre tengo la sensación de que estos encuentros deberían servir para que tratásemos temas que sólo a nosotros nos competen. Cuestiones quizá más “técnicas”, aunque con menos atractivo. Cosas referentes a circuitos, fiscalidad, cachés… No sé. Comprendo que no es fácil, pero desde aquí aprovecho para lanzar una humilde propuesta.
Podríamos
intentar que cada encuentro futuro tuviera un tema. Tratar cada año
de profundizar en una cuestión, en lugar de picotear en cuatro o cinco.
Organizar un encuentro para 150 personas conlleva un trabajo ingente, como
bien sabéis los que lo habéis hecho, y si bien soy el primero
que disfruta encontrándose con gente querida sin más, creo que
deberíamos rentabilizar más todo ese esfuerzo. Sin que falten
la cerveza y el baile, claro.
Por Légolas Colectivo Escénico
Ni el recelo de algunos narradores, ni las críticas recibidas días
antes, ni la nieve que cayó durante todo el viernes empañaron
el V Encuentro de Narración Oral. En El Escorial nos juntamos 140 cuentistas
venidos de todas partes, cada cual con uno o varios deseos a satisfacer en
este encuentro.
Desde las primeras reuniones que tuvo la organización afloró
en el ánimo de muchos que en éste encuentro se hablase de la
narración oral desde dentro, desde la cocina, y por ello fueron invitados
tres cocineros de lo más diversos, cada uno con su manera de guisar
y con su recetario propio: Victoria Gullón, Boni Ofogo y José
Campanari.
Otro objetivo de la organización era abrir el debate, tal vez para próximos encuentros, sobre el Arte de Narrar. Para cumplir éste objetivo se buscó un marco de referencia, la obra de Carmen Martín Gaite, El cuento de nunca acabar. Y se propuso a artistas de otras disciplinas que compartiesen con nosotros su mirada sobre el arte en su oficio. Alicia Borrachero, Espido Freire, Julio Michel, Pablo Amargo y El Chojin fueron desgranando sobre la mesa su trabajo artesanal y su exigencia artística desde las tablas de un teatro, frente a la cámara de cine, en la soledad de la escritura, en la verdad de un títere, en la tradición de los maestros o en el compromiso social de una letra de Hip-Hop.
Uno de los platos fuertes y hasta ahora nunca antes tratado, tal vez porque estamos faltos de ella, fue la ponencia de Pepe Henríquez sobre la crítica, donde hizo un recorrido por la historia de la crítica teatral en nuestro país y la comparativa con la narración oral.
El encuentro se completó con debates y talleres en pequeños grupos para facilitar la participación.
Escrutadas las evaluaciones la organización pudo corroborar lo que durante el encuentro, en pasillos y corrillos se venía comentando, un éxito. Aunque nunca nieve a gusto de todos el V Encuentro dejó muy buen sabor de boca en la mayoría de los asistentes.
Un montón de ideas de otras artes y de la crítica, para ayudarnos a pensar en dónde estamos y dónde queremos estar. Compartir ilusiones y dificultades en los caminos del Arte.
Sí, organizar es un marrón de los grandes, pero satisface.
Y tiene que ser así, porque visto desde fuera es una pérdida
de energía, dinero y tiempo que valen de lo lindo. Pero yo me quedé
en shock al ver a todos sentados en el comedor el primer día dije:
"ya están aquí". Y como los grandes eventos; tardas
en gestarlos, pero luego pasan volando. Algunos me recordarán de naranja,
exprimida, dando el máximo, eso sí, para dar el relevo a los
valencianos (todo saldrá bien majetes, aunque esperemos que nunca acabe
el cuento).
Yo creo que la mesa redonda ha sorprendido gratamente. Narrar es un arte,
y además sagrado. Tenemos una función con la sociedad no sólo
de entretenimiento. Como dijo Chojin, somos m.c (maestros de ceremonias),
"Decimos lo que queremos, como nos da la gana, buscando que la gente
nos escuche".
Hay que mimar nuestros espectáculos, ser originales para que exista
la variedad y perseverar en este camino.
Yo no me enteré ni de la mitad del encuentro porque estuve de taxista
(no veáis como jo..roba).
Menos mal que para descansar del bullicio estaba la sala del silencio. Como
si de una haima se tratase, un tecito, música relajante, algún
que otro cuento al oído y nana que se escaparon, y vuelta al meollo.
Sí, señor. Viva el esfuerzo grupal y vivan los narradores.
CÓMO COCINAR UN ENCUENTRO
Ingredientes:
Un grupo de narradores flipaos.
Un pater con un lugar en medio de la naturaleza pero diáfano y precioso.
Un par de talleres, debates, actividades de animación (la cantidad
puede variar, pero es importante hacerlos todos a la vez para que el cogollo
del asunto quede bien formado).
Una mesa redonda para que la gente no se clave las puntas y debata (esto cocerlo
al gusto).
Cómo cocinar:
Antes de disfrutar con el plato se hacen unas 15 reuniones o más en
grupos de comisiones. Uno se enfada y desenfada y soluciona marrones, pero
es importante crear una buena Asociación (los de Madrid a partir de
ahora os echarán una MANO si queréis).
Se pone gorrito y cuchara a los cocineros de siempre, los sabios (Boni, Campa
y la querida Victoria) así nos aseguramos los tres continentes en uno,
y la diversión. Aquí debe quedar claro el amor a la palabra
y sus dificultades, el dejarse fluir para encontrar el camino y el respeto
a la tradición, como dijo Pablo Amargo.
Hemos dicho que es importante que talleres y debates sean a la vez, por aquello
de la tradición y de que no hay más tiempo. Dejar todo esto
en cocción por la noche con una "verbena de la palabra" aderezada
con mucha magia, canciones de Madrid incluido chotis creativo, sangría,
limonada, pelucas, tómbola, regalitos y mucho baile. Y el último
día se concluye todo "Henriquezido" como si este fuese el
cuento de nunca acabar.
Por Beatriz Arnau Moliner
(Voyeur de Légolas, Colectivo Escénico)
Acabo de inventar una acepción del término voyeur: “Dícese
de la pareja, o incluso hijo o perro de un narrador oral, que dedica su tiempo
libre a seguirle por bibliotecas, encuentros, plazas y festivales”.
Los voyeur, ajenos inicialmente a vuestro mundo, terminamos por volvernos
expertos a base de llevaros las maletas, en plan “madre de la Pantoja”.
No hay crítico más duro de mi pareja que yo misma y nuestra
posición de cotillas nos permite tener un pie dentro y uno fuera: compartís
con nosotros los tejemanejes de la profesión; vemos contar a vuestros
compañeros una y otra vez y notamos sus días buenos y sus días
peores, pero nadie se fija en nosotros…
En El Escorial, seguro que no hubo miradas más objetivas que las de los que fuimos de acompañantes. ¡Qué injusticia que en la ponencia sobre la crítica no hubiera un voyeur en la mesa!
Ya que se habló de cocina, si tuviera que resumir en una palabra el proceso de cocción del encuentro, la palabra sería logro. Por convertir en equipo un conjunto de personas que eran cada una de su padre y de su madre. Por romper el mal fario y la poca confianza en ellos que se respiraba (o al menos eso me llegó en otros espacios, siempre como voyeur).
Los pasillos dicen mucho para un cotilla y los participantes parecían estar en su salsa, sobre todo en la puerta de entrada donde el humo casi hacía de barrera contra el frío. Sin embargo, se convirtió tanto en el foco de conversaciones, críticas, chascarrillos, que a una casi le entraban ganas de recaer (después de varios años de abstinencia nicotínica).
Como voyeur, valieron la pena la nieve, las reuniones hasta tarde, los nervios… Y ahora los del equipo hasta se echan de menos.
Camino de Barcelona, a la vuelta de Sort, donde habíamos estado en el Festival de Narración Un riu de contes, expresaba a mis compañeras de viaje, que habían organizado el 3º encuentro en Poblet, mi inquietud al recordar cómo, todos ellos, habían sido una piña, y nosotros en Madrid no lo teníamos fácil por ser tantos y tan variopintos y, a siete meses vista, me tranquilizaron diciéndome que siempre se tienen problemas y roces que se van limando y encajando. Las posibles dudas que quedaban en mi mente desaparecieron cuando paramos, y mis sentidos se centraron en un desayuno a la catalana, con alioli incluido, que no permitía pensar sino en yantar.
El tiempo les dio la razón, ya que conseguimos, poco a poco, ir juntos en lo esencial y que el balance final del encuentro fuera más que bueno, aún teniendo en contra la meteorología y la crisis, que también hizo su mella.
Ya en El Escorial, metidos en faena, los grados fueron subiendo rápidamente,
en contraste con el paisaje nevado que nos rodeaba y que parecía una
postal; cada uno a lo suyo y a la vez en todo.
Entre besos, abrazos y parabienes, se dio inicio a la bienvenida oficial que
salió muy variada, incluyendo la primera cocina, a la que luego seguirían
otras dos, en la que se mostró una manera de elaborar las historias
que, junto a los juegos y divertimentos que siguieron, se consiguió
que todo fuera ‘in crecento’.
Cuando me desperté a la mañana siguiente, estaba emocionada y orgullosa de sentirme, después de tantos años que hace que voy sin grupo, formando parte, nuevamente, de un equipo. Rápidamente me invadió la inquietud. ¿Que pasará con la mesa redonda sobre otras artes? Habíamos recibido muchas críticas por no incluir en ella el arte de contar. Pero la segunda cocina dejó un magnífico sabor de boca y todo lo tratado en la mesa redonda entró solo y hasta se quedó corto, pues todos querían saber y preguntar más. Los debates y talleres permitieron que nos ‘sosegáramos’ y aposentáramos tantas emociones, pudiendo así hacer acopio de fuerzas para la fiesta que se nos venía encima. ¡Qué variedad de vestuarios! ¡Cuánto colorido! Magia, actuaciones, canciones que interpretó una soprano de tal variedad que cada uno se sintió identificado con alguna de su tierra, por lejana que fuera. Mucho nos reímos con la verbena de la palabra, con actuaciones castizas, juegos, música y bailes, todo bien regado para que tanto sudar no nos dejara deshidratados. Y, como todo pasa, llegó el tercer día donde seguimos cocinando historias y debatiendo sobre nuestro arte, siendo críticos en este oficio nuestro para encumbrarlo al lugar que se merece, teniendo bien claro que: "SI NO FUERA POR TODOS, NADIE SERIA NADA"