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El correllibres explica…

El lobo... ¿feroz?
Por Xavier Gállego

Cuando me decidí a escribir sobre este personaje, lo hice desde la fascinación que siempre han ejercido sobre mí los perdedores de los cuentos, aquellos a los que se les supone la maldad o la ignorancia u otros rasgos que, a priori, se consideran negativos. Y es que en los cuentos tradicionales, el malo malísimo, desde siempre, ha sido el lobo feroz. Eso sí, seguido muy de cerca por la madrastra y, ya a cierta distancia, por toda clase de brujas, ogros y “comeniños” varios.

Pero os soy sincero: no tenía ni idea en que lío me metía. Los personajes que nos pueden parecer simples son, sin ninguna duda, los más complejos. Cuando contamos una historia en la que aparece el lobo, nada más nombrar al personaje, un mecanismo interno nos lleva a imaginar al bicho más espeluznante del mundo, con todos los tópicos habituales que queramos y con todo lujo de detalles. La narradora o narrador no necesita describir demasiado al lobo... cada cual ya nos hemos recreado nuestra propia idea de semejante bestia. El lobo es la encarnación de todos nuestros miedos más atávicos.

Esta es sin duda, la diferencia más señalada con su inmediata seguidora en la lista de los malvados de cuento: la madrastra. A está última, es necesario describirla y describir también sus actos, para dar fe de su maldad y crueldad para con sus semejantes habitualmente infantiles. No así con el lobo, que al no ser humano, goza del don de la maldad por definición.

Pero vayamos unos cuantos siglos atrás. Como nos contaba no ha demasiados días Joan Soler i Amigó, el lobo era uno de los símbolos de nuestros ancestros y representaba, entre otras cosas, el valor y la fuerza, cualidades deseables en los miembros de la comunidad de aquellas épocas. Recordemos que el nombre castellano Lope, deriva de lobo en latín.

En las diferentes culturas, el tratamiento del mito del lobo tiene una doble vertiente. El aspecto maléfico del mito del lobo lo asocia a las tinieblas, a los infiernos, al pecado, al engaño, a la violencia. Sin embargo, en su aspecto benéfico, el lobo es un símbolo de luz, un símbolo celeste, asociado a divinidades solares como Apolo.

Y… ¿qué ocurre con la loba? Pues bien, las cuestiones de género en este mito, también tiene su importancia ya que, la loba, estaba asociada a la concupiscencia (la palabra lupa también hacía referencia a mujeres dedicadas al comercio de su cuerpo, de esta acepción proviene la palabra moderna lupanar) pero encarnará también la divinidad, la fecundidad, y frecuentemente aparecerá como nodriza de personajes importantes en la historia de los pueblos que le rendirán culto. Recordemos en este sentido a Rómulo y Remo, fundadores de Roma, a Miletos que fue abandonado y recogido por una loba hasta que, posteriormente, fundó Mileto, en Asia Menor.

De esta manera, nos encontramos que el mito del lobo existe en multitud de tierras, creencias y mitologías diferentes, desde Escandinavia (donde Odín, el dios principal, también se asocia al lobo en múltiples ocasiones, llegando a adoptar su forma), hasta los antiguos egipcios, que tenían un dios lobo de los muertos, llamado Upuaput, "el que abre camino", encargado de guiar la barca del sol en su desplazamiento nocturno.

Una leyenda de los Inuits cuenta que al principio sólo existieron una pareja de humanos, sin animales; y la mujer pidió a Kaïla, dios del cielo, que poblara la tierra. Éste mandó perforar un agujero en el hielo, como los empleados en la pesca y de allí salieron todos los animales, el último de los cuales, y más preciado, fue el caribú que daría alimento, pieles y otros enseres a la comunidad. Sin embargo, al cazar a los mejores, pronto no quedaron más que los enfermos o débiles. Entonces la mujer volvió a pedir ayuda y, por el mismo sistema, pescó al lobo, enviado por Amorak (el espíritu del lobo), para que devorara a los animales débiles y mantuviera la calidad del caribú.


Pero claro, no todo podía ser tan bonito ni tan elegante. Llegó el momento en que el cristianismo avanzó sobre la vieja Europa y trató de variar, adaptar e incluso anular costumbres, ritos, nombres, etc, para imponer su nueva realidad. Fue en ese momento en que el lobo empezó a subir puestos en la escala de los malos malísimos. No en vano, San Francisco de Asís tuvo que “pegarle la bronca” al famoso lobo de Gubbio para que dejara sus malas costumbres1. La implantación del cristianismo en Europa nos presenta un lobo despiadado, asesino, devorador de niños y masacrador de seres indefensos. Es pues a partir de ese momento cuando el lobo pasa a tener adjetivo. Ya no es solo el lobo, sino que es el lobo feroz.

Y las historias, las leyendas y los cuentos no fueron indiferentes a ese cambio. De las leyendas de seres fantásticos de Catalunya relacionadas con el lobo, vemos que éste se nos presenta en forma poco agraciada. A modo de resumen:

El Pare Llop es, aparentemente, un hombre como cualquier otro. Y se cuenta que en las noches más frías del Pirineo pide refugio en las masías. Si le niegan la hospitalidad, lanza una manada de lobos contra las bestias de la casa.
La noche de Sant Joan, los pastores rezaban:

Cans i llops les dents serrades; lladres i traidors les mans lligades  
Déu nos guard de cuca i fam i de tota cosa que fa mal.  
Déu nos guard de cuca i serpent i de tota mala gent.

La Mare de les Guilles es la versión femenina del Pare Llop; mujeres que tienen el poder de dominar a estos animales.
También en el Pirineo (tierra fantástica por excelencia) habita el Gatillop o Llop Cerver, especie de gato monstruoso que combina la astucia del gato y la brutalidad del lobo. No come carne: solo degüella una res para chuparle la sangre. ¡Encima sibarita el bicho!

El llop de Mora es un caso de hombre lobo: el alma del cruel señor del castillo de Mora, en la Ribera d’Ebre que, al morir, se encarnó en lobo y se dedica a asustar a todo aquel que pilla.

Un caso diferente son los Menadors de Llops del Canigó. En la medianoche de Sant Joan, algunos hombres se metían en l'Estany Negre y lo atravesaban nadando. En la otra orilla se convertían en lobos. Volvían a los siete años para “recuperar” su humanidad.

O recordemos también la famosa nana:

Duérmete niño, duérmete ya.
Que viene el lobo
Y te comerá.

¡¡Ahí es nada!! La leyenda del lobo comeniños está servida. De hecho, las versiones más antiguas de nuestra querida Caperucita Roja van en esa dirección. En la versión recogida por Charles Perrault, Caperucita acababa devorada por el lobo. Posteriormente, en la versión de los hermanos Grimm, algo más edulcorada, la niña y su abuela son rescatadas de la barriga del lobo por el famoso leñador, el cual hace una operación quirúrgica con unas tijeras para rellenar a la bestia con piedras (¿No os recuerda a la mamá cabra salvando a sus seis hijas?). El final de esta versión es de una tremenda felicidad para todos excepto, por supuesto, para el pobre lobo que acaba de alfombra en casa de la muchacha.

Curiosamente, tanto en una como en otra versión, la indefensión de las mujeres protagonistas es patente.

Y transcribo aquí parte de un interesante documento de Rigoberto Rodríguez2. “Una versión con marcado tinte de canibalismo, fue la que circuló por Austria e Italia, en la que Caperucita come la carne y bebe la sangre de su abuela, asesinada por el lobo y en la que ella termina también por ser devorada. He aquí un pequeño fragmento de este relato, (la niña ya se encuentra en compañía del lobo disfrazado de abuelita):

-Abuelita, tengo sed, ¿me das algo de tomar?
El lobo, disfrazado de abuelita, le responde:
-Revisa esa taza, debe haber algo de vino.
-Abuelita, este vino está muy rojo.
-Calla y bébelo, es la sangre de tu abuela.
-¿Cómo dices?

-¡Sólo bébelo y calla!
Luego Caperucita dice:
-Abuelita, tengo sueño.
A lo que la fiera responde:
- Quítate las ropas y ven a acostarte aquí conmigo."

Parece ser que el lobo no se andaba con miramientos con respecto a sus apetitos. Y más cuando, de una sentada, es capaz de zamparse a la abuela y a la niña.
En otra versión de origen francés, Caperucita era capaz de salvarse gracias a su ingenio, pidiendo ir al lavabo y huyendo de las fauces de la bestia. Curiosamente, en esa versión no aparece ningún “hombre salvador”. Eso se añadió después...

Y claro, el problema más importante para nuestro peludo protagonista, no es solo Caperucita Roja. Están además los Tres Cerditos, las Siete Cabritillas, Pedro (no el de Heidi, si no Pedro y el lobo) y unos cuantos personajes más que contribuyen, sin duda, al escarnio público del lobo y que son historias, en general, tan crueles y sangrientas como las que hemos comentado anteriormente.

Así pues, de las tradiciones más antiguas donde el lobo era un elemento con valores positivos y deseables para los humanos, pasamos a tener la imagen de un ser perverso, cruel, mezquino y sanguinario... FEROZ

No se yo si, en definitiva, ese cambio en la percepción del lobo no es un reflejo de nuestra propia condición humana que, de una u otra manera, el Sr. Perrault y los Srs. Grimm recogieron en sus edulcoradas versiones de los cuentos. ¿O es quizás casual que caperucita (y su inseparable lobo) sea uno de los cuentos con más versiones de la historia?
Ahí os dejo con la reflexión.

Bibliografia

B. Bettelheim. Psicoanálisis de los cuentos de hadas. Ed. Critica (1999)
C. Perrault. Cuentos maravillosos de Perrault. Ed. Todolibro (1984)
DD.AA. Florecillas de San Francisco. Ed. Aguilar (1952)
J. Campbell. El héroe de las mil caras. Ed. Fondo cultura económica (2005)
J. Grimm y W. Grimm. Todos los cuentos de los Hermanos Grimm. Ed. Rudolf Steiner. (2000)

1. Para leer la historia completa, ver
http://www.scout.cl/akela/sf/cuentos.htm ^
2. Ver: Los cuentos infantiles ¿han sido realmente pensados para niños? de Rigoberto Rodríguez. ^